Monday, May 13, 2013

Si te escribiera un capítulo entero


Ver las nubes cubrir las montañas es una sensación tranquilizante. Más, el no poder capturarlo en una fotografía me incomoda un poco. Una imagen vaciaría de todo significado mi sentir; sería artificial y forzado. La posibilidad de hacerlo; sin embargo, siempre está ahí, y creo esa es la razón de mi extraña inquietud.

No soy inmune a estos tiempos, yo también me embriago de imágenes como el resto de la gente. Imagino siempre que pensarías tú al observar lo que observo. ¿Sentirás algo parecido? El instante se pierde para siempre y las preguntas mueren sin ser respondidas. En parte me da curiosidad porque realmente no sé quién eres. Tengo una extraña adicción a no conocerte. Dicen que es estúpido enamorarse de una desconocida. Yo pienso que es la manera más correcta de enamorarse y, sin querer sonar trágico, tal vez la única forma de hacerlo.

No tengo problema en escribir sobre desconocidas, sobre esas inocentes ilusiones que fabrican los fantasmas de mi memoria y el embriagante aire de un presente nocturno. Es fácil ahogarse en el reflejo de ojos falsos y alucinar con sonrisas a medio terminar. Pero escribir sobre ti no es tan sencillo; porque conozco tu rostro, tu voz y tu nombre; pero sigues siendo una extraña.

El primer problema es que tú esperarías este texto. Imaginarías, estoy seguro, que todo esto habla de ti y de esos momentos que nuca hemos tenido. Pensarías que disfrazo tu referencia con alegorías y todo lo que aquí no coincide contigo es un intento de cubrir la obviedad de mis sentimientos. Sin embargo, estas letras podrían ser para cualquiera. Podrían ser tan falsas como los colores que se ocultan bajo luces de neón o como la fe que se disfraza de esperanza.

Pero tal vez eso también sean ilusiones mías. Cuando observas un espejo, parte de tu reflejo penetra hacia la otra dirección. Los espejismos tranquilizan, aunque sea por un instante. Es claro que no sé quién eres realmente; aunque lo mismo podríamos decir todos de todos; hasta de nosotros mismos. No hay mucha necesidad de misterio, pues las letras son más fugaces que el viento. Esto podría leerse mil veces y todas tendrían diferente significado. Esa oración es la única verdad de estos párrafos.

Alguna vez platique contigo en un bar. En otra ocasión bailamos sin siquiera dirigirnos la palabra. Una vez confundí tu nombre con el de tu amiga. ¿Recuerdas aquella vez que nos presentaron? Sucedió dos veces. O qué me dices de aquel día que caminamos juntos en los oscuros callejones del casco antiguo. Nunca te gustó mi música, salvo ese día en el festival. Antes de conocernos me pediste una foto en un concierto. Hace no mucho también compartimos un par de cervezas en un restaurante cualquiera. Recuerdo claramente cuando nos topamos al cruzar la calle y traías tu vestido amarillo. Aquella vez que fuimos al cine te iba a invitar a una boda; pero recordé que no te gustaban las fiestas. ¿Fuiste tú con quién platiqué sobre ese libro de filosofía que nunca había leído? Si, fue aquella vez en la terraza que hablamos sobre lo mucho que detestabas tu viejo trabajo. Parece que fue ayer cuando tuvimos ese picnic en el parque con tus amigos. Pensé que no ibas a ir y eso terminaría por arruinar mi domingo. Te he dicho muchas cosas; pero al mismo tiempo creo que tampoco sabes nada de mí. Ese día, cuando compartimos un paraguas camino a tu casa, pensé que no te volvería a ver jamás. Sin embargo, sigues aquí y yo; sigo sin entender quién eres o que representas.

Algún día, tal vez, dejaremos de ser desconocidos. Hablaremos de este turbio texto y de cómo solo lo escribo para no olvidar. Muchas veces exagero y hablo como si te hubieras marchado, como si nunca hubieses existido. Pero tu bien sabes que sigues aquí.

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