Monday, October 18, 2010

El trabajo es una maldición que el hombre a convertido en un placer...

Para despertar de este mundo moderno uno debe elogiar la pereza. El perezoso tiene una percepción mucho más aguda de la realidad metafísica de la que tiene el activo. Me atraen las distancias lejanas, el inmenso vacío que proyecto en el mundo. Una sensación de vacuidad crece en mí; infiltra mi cuerpo como un ligero e impalpable fluido. En su avanzar, como una dilación hacia el infinito, percibo la misteriosa presencia del más contradictorio de los sentimientos que haya habitado jamás el alma humana. Estoy a un tiempo feliz y triste, exaltado y deprimido, sobrecogido tanto por el placer como por la desesperación en la más contradictoria de las armonías. Estoy tan alegre y al mismo tiempo tan entristecido que mis lágrimas reflejan al mismo tiempo el cielo y la tierra. Si tan solo fuera por la felicidad de mi tristeza, desearía que no hubiera muerte en esta Tierra.

E. M. Cioran en “La maldición del trabajo”

Tuesday, October 12, 2010

Aprendiendo a pensar

“En las escuelas, que tanto enorgullecían al pasado siglo, no ha podido hacerse otra cosa que enseñar a las masas las técnicas de la vida moderna, pero no se ha logrado educarlas. Se les ha dado instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; se les ha inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos, pero no el espíritu. Por eso no quieren nada con el espíritu, y las nuevas generaciones se disponen a tomar el mando del mundo como si el mundo fuese un paraíso sin huellas antiguas, sin problemas tradicionales y complejos.”

José Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas

El gran problema de la educación. Un problema cuya solución siempre ha figurado como angular en el porvenir de la nación y el mundo; y aún así es un tema que muchas veces prefiere ser ignorado. Durante ya varios años la educación superior ha tomado un camino cada vez más gris y desmotivador en el que el antiguo ideal de la comunidad universitaria forjada en el conocimiento, la cultura, el diálogo y el placer de pensar se va desvaneciendo año con año ante la férrea voluntad del mercado, las masas y la naturaleza misma de las “nuevas” generaciones.

Y digo “nuevas” porque este no es un problema de hace unos años. Es una cuestión ya de décadas y décadas en las que nos hemos acostumbrado poco a poco a preguntar más “¿para qué?” en vez de “¿porqué?”. Ahora, más que nunca, es triste ver la casi absurda cantidad de información disponible ante nosotros y darnos cuenta que nos encontramos perdidos en un mar de datos sin utilidad, sentido ni realización, y que las pequeñas islas de conocimiento son cada vez más difíciles de vislumbrar.

Como bien describía Ortega y Gasset en su época (que también es la nuestra): “vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe que realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva”. La problemática aquí no es el acceso a la información o la cantidad de ésta. No es cuestión de si llevamos una clase o la otra; es un problema del modelo en sí, de la intención y objetivo de las universidades. Ya no sé educa, ahora se entrena. Ya no se aprende, ahora se hace. Ya no se enseña, ahora solo se da la información y se le disfraza de herramienta.

El hombre no es lo que es, sino lo que puede llegar a ser. Es la potencialidad de sus circunstancias lo que le permite realizarse y alcanzar su individualidad funcional como persona y como parte de un colectivo. Sin embargo es alarmante ver que a pesar del gran potencial de nuestros tiempos, los jóvenes profesionistas carezcan de la más mínima motivación para aprender. Si están dispuestos a pagar -ya sea con excesivas tasas semestrales o con el solo tiempo o esfuerzo que la educación universitaria implica- es porque durante años les enseñamos que ese es su único pase al porvenir.

Un porvenir que algunos de entrada ya tienen y buscan solo mantener mientras que otros luchan, ilusionados por alcanzarlo. Pero esa ilusión muchas veces no se materializa e incluso al graduarse y titularse como un producto bajo estrictas especificaciones del mercado ya no es garantía de que se dejarán “las repisas” para integrarse de manera exitosa al ámbito laboral. La ilusión, sin embargo, puede ser “revitalizada” y su efecto postergado mediante maestrías y doctorados que, también, muchas veces solo son estudiados para “asegurar” un lugar en el esquema económico de la actualidad.

Y el gran pecado de la educación no es que se encuentre suscrita a la voluntad de la economía; pues es evidente que dicha cooperación es necesaria. El problema es que esa parece ser ya la única voluntad de la educación. Ahora más que nunca ésta se describe como una “inversión” y es vista como un “desperdicio” si no se logra ejercer ese preciado título académico. Y entonces, cuando el horizonte solo prevé el aprendizaje como herramienta y necesidad, el enfoque del ideal universitario se pierde en su misma abstracción.

Nuestras instituciones forman licenciados, contadores e ingenieros, especialistas en la técnica; pero muchas veces vacíos, desmotivados y sin dirección. La formación de profesionistas es una labor que debe de encontrarse fundamentada en la imaginación, la conversación y la individualidad. En el saber reflexionar, criticar, evaluar y sobre todo en saber aprender. Sin embargo ahora los contenidos son lo de menos cuando al salir solo se posee la habilidad para aplicarnos y no para evaluarlos y mejorarlos.

Y no solo es alarmante que se sacrifiquen cursos de “filosofía” o humanidades en función de otros más “útiles”. Lo alarmante es que se pierda esa cualidad con la que se enseñaban esas clases; esa necesidad de aprender mediante el duro cuestionamiento del hombre y su naturaleza; de la historia y su memoria. Así mismo la solución no es en darle “perspectiva humanista” al ingeniero o “panorama empresarial” al sociólogo. La ilusión de la enseñanza “multidisciplinaria” es solo eso. Si ese conjunto de disciplinas se “enseñan” con el mismo desprecio a la reflexión y se les exalta tan solo como “herramientas”; su efecto es nuevamente perjudicial y meramente aglutinante.

El conocimiento real carece de demanda. La independencia de pensamiento y el debate son ahora problemáticos. El aprender a aprender es demasiado general para esta era de brutal especialización. Y así, las nuevas generaciones que comienzan a tomar el volante de la sociedad son caracterizadas por la apatía, la cerrazón, la ignorancia y un utilitarismo espeluznante (e incluso peligroso). Así, poco a poco se olvida los principios, las bases y la misma naturaleza del conocimiento. Su aplicación es lo que incumbe y su justificación es que “funciona”. Y es así como poco a poco nos hemos visto en vueltos en un vertiginoso espiral de crecimiento, industrialización y “modernización” que se justifica como racional por provenir de la técnica; pero es peligroso e irracional por ser miope y sin memoria.

Thursday, October 7, 2010

RoboFede

Tengo un ligero problema. Verán, me gusta mucho escribir en el blog. Aún así, últimamente no me he sentido “in the zone” a la hora de tratar de compartirles mis opiniones, chistes e historias aleatorias ligeramente ficticias. Estoy tan bloqueado “creativamente” que ni siquiera puedo inventar un par de excusas moderadamente ciertas.

Claro que podría explicarles que RoboFede (el robot que teclea mis posts) me está robando la inspiración mediante su nueva máquina “atrapa-sueños” para eventualmente convertirse él en el autor intelectual y no solo material del blog of Doom. Todos sabemos que RoboFede quiere ser un niño de verdad, y el obtener la esencia de mis sueños es tan solo el inicio de su maléfico plan de dominación global (la cuál concluirá con su milagrosa transformación a manos del Hada Mandarina).

Por ello, estoy escribiendo ahora en la sombra y refugio de mi cuartel secreto en las Galápagos. Es mi más firme intención el destruir a RoboFede antes de que se apodere de mi imperio. Para ello, tan solo tengo que lograr escribir esta entrada en donde detallo claramente como derrotarlo. Como innecesariamente explique en el párrafo anterior (veasé el párrafo anterior) RoboFede necesita de mis sueños… ese tesoro que solo puede ser presenciado por mi alter ego Dream Fede (aka yo inconsciente). Pero el secreto de su poder se basa en esa premisa… en la originalidad y desconocimiento de mis sueños ante la población general.

Por ende, si logro publicar esta entrada con una descripción vaga y general de algunos de mis sueños, RoboFede ya no podrá reclamar estas “novedosas” ideas como suyas y su plan maligno se vendrá abajo cual cosa que se viene abajo bien duro.

Ahora, antes de que RoboFede localice mi ubicación y utilice su “Anger-powered Jet Pack of Doom” (patente pendiente) para volar hasta acá y destruirme con su “Láser de Comentario Irónico Puntual” (patente pendiente) o con sus misiles de “Alto-contenido de Lumbre” (patente pendiente) escribiré algunas de mis aventuras oníricas:

-Una vez soñé que estaba con un grupo de policías anti-drogas en las bodegas de un muelle en Miami. Todo parecía normal hasta que nos dimos cuenta que los traficantes tenían pequeños velociraptors entrenados. Al final… maté a un T-Rex a escopetazos frente a toneladas de cocaína.

-Recientemente (via la siesta de hoy en la tarde) soñé que estaba en una ciudad sin ley ni orden. El único transporte viable en esta comunidad de caos eran unos autobuses-metro donde el crimen estaba a la orden del día. Todo parecía perdido hasta que apreció “Justicia”, un bandolero que mataba criminales sin preguntar.

-He soñado innumerables veces que estoy de vacaciones de una playa/crucero matón con amigos y no tan amigos. Casualmente sueño más con gente que realmente no conozco, como conocidos o personas que solo he visto una vez en la vida.

-Hace muchos años, cuando las computadoras todavía eran “underground” soñé que había un “club de computadoras” en la que los niños aprendían a usarlas de formas productivas. Pero todos los niños del club eran genios y como yo no lo era no pude entrar :(

-Varias veces he soñado que estaba soñando. Es de los sentimientos más raros del mundo porque cuando “despiertas” del primer sueño realmente se siente todo increíblemente real e incluso resulta más difícil despertar.

-Una de mis peores pesadillas involucraba la máscara que custodia las llaves del Súper Mario Bros. 2 Dicho enemigo cobraba vida y te perseguía mientras tuvieras la llave en tú poder. Algo similar sucedia en mi sueño; pero en vez de hacerme daño, la máscara me hacia cosquillas… el peor castigo concebido por el hombre.

-Otra ocasión mis compañeros del doctorado y yo íbamos a robar un prestigioso banco en una ciudad de Italia. Curiosamente esa ciudad de Italia parecía París…

-Una vez soñé que estaba en una isla desierta con unos camaradas. Nuestra única fuente de alimento eran unas gallinas que habitaban la región. “Manny” era el encargado de atender a las gallinas porque el era “druida”.

-Otra ocasión soñé que…

*Beep*

*Bop*

*Beeeeeeeep*

¿*Bloop*?

/VozRobótica

Nada que ver [aquí]

/VozRobótica

*Beeb*